La Madera es un material orgánico con una clara aplicación constructiva, que difiere de otros con igual aplicación por la sostenibilidad energética de su origen, renovabilidad, anisotropía, heterogeneidad e higroscopicidad.

Su elevada resistencia a flexión comparada con su relativamente baja densidad [la relación resistencia/peso es 1,3 veces superior a la del acero y 10 veces a la del hormigón], convierten a la madera en una elección segura para su uso como material estructural.

Destaca, de entre sus cualidades, la solvencia portante frente al fuego, que viene dada por su condición de aislante térmico y por la invariabilidad de las propiedades físico-mecánicas de la sección eficaz en caso de incendio. El resultado es que la afección del fuego se reduce exclusivamente a una cuestión geométrica, y no a la alteración de su capacidad resistente. Ello prioriza la idoneidad de la madera como material en estructuras espaciales que deban proporcionar una alta resistencia frente a fuego; de modo que los elementos estructurales de madera, adecuadamente dimensionados, garantizan el soporte de las solicitaciones actuantes bajo situación de incendio y, evitan, además, acusadas dilataciones debido a su baja expansión térmica.

Su comportamiento frente a sismo y agentes químicos justifica, además, una alternativa acertada ante otros materiales estructurales con mayores limitaciones al respecto.