El Hormigón resulta de la mezcla de cemento, agua y aditivos que mejoran las cualidades mecánicas del material; moldeable con propiedades adherentes en su estado inicial, el hormigón adquiere finalmente, por fraguado, una consistencia pétrea.

La propiedad estructural más destacable del hormigón en su resistencia a los esfuerzos de compresión; por contra, no tiene buen comportamiento frente a esfuerzos de tracción, flexión y cortante; para suplir esta deficiencia mecánica, el hormigón se refuerza habitualmente con acero. La resistencia del hormigón se obtiene por ensayos de rotura a compresión en probetas cilíndricas tomadas a los 28 días, según se establece en la Instrucción Española de Hormigón Estructural [EHE] y Documento Básico de Cimientos del Código Técnico de la Edificación [CTE DB SE-C]. Otras propiedades destacables del hormigón son la de material durable, incombustible, casi impermeable y apto para la consecución de una amplia variedad de geometrías estructurales. Su tipificación se normaliza en el artículo 39.2 de la EHE.

Las aplicaciones constructivas del hormigón se generalizan a soluciones varias en obras de ingeniería y arquitectura, y como material soporte de imprescindible uso en cimentación de estructuras solucionadas con otros materiales estructurales como acero ó madera.

La categorización del hormigón se sistematiza frecuentemente en las siguientes clases: Ordinario, en Masa, Armado, Pretensado, Ciclópeo, sin Finos, Aireado ó Celular y de Alta densidad.